Tsundoku diciembre 2019

Una vez más, ha transcurrido más de medio mes sin darme apenas cuenta y una vocecilla en mi cabeza me recuerda la cita periódica:

            —Ay, Bernard, Bernard, ¡otro mes más que te abandonas a la indolencia! ¿Te has dado cuenta de estamos llegando al final del mes de enero y tú aún no has hecho el tsundoku de diciembre para tus followers?

            —Lo sé, lo sé, ¡maldita sea! El tiempo se me escapa entre los dedos como un Blandi Blub de marca blanca. Por cierto, Madre, que jamás imaginé oírle a Usted decir eso.

            —¿El qué?

            —Ya sabe, Madre, eso de los followers...

            —Yo tampoco, hijo mío, yo tampoco: los caminos del Señor son inescrutables. Para todos. Fíjate, yo misma, sin ir más lejos, convertida aquí en una marioneta de ficción al servicio de un autor pusilánime.

            —Oiga, Madre, tampoco se pase Usted. Y no se me ha olvidado el tsundoku. Es que no tengo tiempo…

            —No tienes tiempo, ya. Seguro. ¿Acaso no piensas en tu presencia online? ¿Qué va a ser de ella si no mantienes un blog como Dios manda?

            —La verdad, Madre, es que cada día me arrepiento más de haberle regalado a Usted un iPhone…

            —¡Qué sabrás tú, si fuiste un error de planificación?

            —Joder, mamá.

            —¡Niño! ¡Un respeto con tu Madre, leñe! Bueno, ¿vas a ponerte a escribir de una vez o qué?

            —Pero si estoy en ello, Madre, ¿es que no lo ve?

            —Pues no, no lo veo, no; yo sólo veo lo que quiero ver, como todas las madres del mundo, que pareces tonto a veces, hijo mío. A ver, ¿sobre qué libritos de esos que no paras de comprar vas a escribir ahora?

            —Pues mire, de este diccionario inglés-español. Llevo meses queriendo comprar uno bueno. He buscado por todos lados y he llegado a la conclusión de que el de Oxford es el mejor.

 
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            —Ya, ya. Menudo tocho. A saber dónde lo ponemos.

            —Pues eso no es nada, Madre. Mire este otro: “La gramática descomplicada”. Un manual de gramática, nada menos. Llevo un tiempo queriendo adentrarme en la materia y este parece un manual accesible y entretenido, porque la gramática muy divertida no es.

            —¿Gramática? Pero ¿qué pasa contigo, hijo mío? Todas esas mañanas llevándote al colegio ¿para qué leches sirvieron? Si es que eres un cabeza de chorlito, leñe: siempre lo había sospechado, pero ahora me doy cuenta.

            —Claro, Madre, claro. Pero fíjese en esta otra estupenda adquisición que le traigo aquí: un manual de traducción lleno de ejemplos prácticos, lo que ya es una rareza de por sí, porque es casi imposible encontrar un manual de traducción que no se pierda en masturbatorias teorías lingüísticas. A mí, que no tengo estudios de traducción, me va a venir muy bien.

            —Ya. Otro librito para coger polvo durante años. Menos mal que este es pequeño.

            —Pues espérese al siguiente, Madre: un tocho de 530 páginas con las escenas eliminadas de Drácula. Es el libro del mes del Club de lectura de Dentro del monolito. Por cierto, ahora que lo pienso, del libro de Stoker tengo una edición de Anaya del año la tana… quizá debería comprar esa edición fabulosa de 544 páginas de Reino de Cordelia que salió hace poco...

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            —¡Ni hablar! ¡Quita, quita! ¡Déjalo ya, desgraciado! Que no haces más que amontonar libros que no te va a dar tiempo a leer ni en tres vidas seguidas. Parece que no hagamos nada más que apilarlos, uno encima de otro. ¡Qué desastre, Señor! ¡Qué desastre! ¿Qué hacemos, a ver? ¿Qué hacemos?

            —Pues nada, Madre ¿qué quiere que le hagamos si yo no lo puedo evitar? ¡Seguimos acumulando!

Tsundoku noviembre 2019

Otro mes que se pasa volando, y yo pensando que solo tenía que hablar de un libro este mes. Y cuando empiezo a trastear me encuentro con cinco. ¿No os pasa a vosotros con los libros electrónicos que no sois muy conscientes de que están ahí, que se os olvidan nada más comprarlos? Al menos, un libro físico lo puedo ver sobre la mesa o la estantería, lo puedo tocar y oler, y eso crea un registro más sólido en mi recuerdo.

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El libro que sí recordaba era Lovecraft Country. Lo tenía en la lista desde hacía mucho tiempo, y me decidí ya por él, tras anunciarse la fecha de estreno de la serie de televisión que ha producido HBO basada en él. Será el año que viene. Leyéndolo, enseguida se da uno cuenta de la potencialidad que el libro tiene para el medio. De hecho, su primer capítulo me remitía a cada párrafo directamente al Get Out de Jordan Peele (quien es, precisamente, el productor de esta adaptación). El formato seriado está ya incrustado en el esqueleto del libro, pues cada capítulo narra la aventura de uno de los miembros de una familia de afroamericanos en el EE. UU. de los años 50, después de entrar en contacto con una red de logias ocultistas. Uno de los personajes es descendiente directo de uno de los fundadores de las logias, y el interés por preservar la línea de sangre les pondrá en el punto de mira de los jefes de las logias. Es un best seller de raza, de estilo fluido, adictivo y con algunas debilidades: las motivaciones de los personajes parecen poco convincentes, y las casualidades narrativas bastante forzadas para encajar en las exigencias de la trama. De Lovecraft se puede ver el reflejo, allí a lo lejos, si se tiene interés, pero nada más. La verdad es que no lo recomiendo. La adaptación me interesa más.

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Cuando vi que Pulpture, una de esas editoriales que todo aficionado al terror debe tener en su radar, había emprendido la titánica tarea de editar una revista de género, me entusiasmé. Y el entusiasmo creció cuando vi la portada y la línea en que se mueve su primer número: ese terror folk, rural, atávico y oscuro, que tanto me gusta. Así que me lancé de cabeza y me suscribí, porque el precio es interesante y creo que hay que apoyar estas iniciativas. La revista ya la he leído y doy fe de que merece la pena. Han dado en el clavo, por lo menos en este primer número, en esa estética y en esa temática. Me parece un lujo tener algo así en el mercado español. Por cierto, que abrieron convocatoria de relatos: más información en su web.

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Encontré una oferta en la web de la editorial Angry Robot Books que no se podía ignorar. Escogí estos dos libros electrónicos de entre todo su catálogo, pero no sé gran cosa de ellos, más allá de lo que leí en su página y en Goodreads. A la saca.

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Por último, el libro de Adam Nevill lo descargué después de escuchar el especial de This is Horror por su 300.º podcast, donde era entrevistado, entre otros interesantes autores, y mencionaba que ofrecía gratis este ensayo y colección de relatos en su web. Adam Neville es el autor de The Ritual, que tuvo su adaptación hace unos meses para Netflix, y, ya más recientemente, The Reddening, una novela folk horror que tiene muy buena pinta y probablemente caerá en breve.

Tsundoku octubre 2019

Ha pasado medio mes, pero yo no podía faltar a mi cita. Doy aquí debida cuenta de la caza de octubre:

La primera, un ejemplar físico. Este fue fácil: me lo trajeron a casa:

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Se trata de la lectura de octubre del molonísimo Club de Lectura de Terror Dentro del Monolito. Ya me adelantó José Luis en el Día del Tentáculo que probablemente trajera a Ketchum al club, y me pareció una gran idea. Siendo un nombre que aparece pronto cuando uno empieza a bucear en las sombrías aguas del género, aún no había leído nada de él. Ya lo he empezado a disfrutar: lentamente, padaleándolo, porque la obra, contra todas mis expectativas, me parece absolutamente magistral. 

Los siguientes trofeos, todos virtuales: cazados en la tienda de Apex:

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Todos los años, por estas fechas, Apex saca una jugosa oferta sobre su catálogo y uno, que no es de hierro, suele picar. Hay cosas muy curiosas. Concretamente, el Close your Eyes me interesa mucho.


Dejo lo mejor para el final: este gran trofeo que cazé sobre el terreno:

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Lo traje de su presentación en sociedad, que tuvo lugar en un centro comercial de Callao el pasado 30 de octubre. Jesús Palacios es otro de esos nombres que también aparecen pronto entre las aguas sombrías. Ya había leído alguna otra colección de ensayos coordinada por él y de entre su producción me interesa prácticamente todo.

La presentación formaba parte del festival Sui Géneris Madrid (antes conocido como Semana Gótica de Madrid), y venía precedida por una mesa sobre William Blake que me dejó ojiplático, porque no conocía la compleja mitología (el “Blakeverse”, como dirían ahora) que se inventó aquel buen hombre. Y eso que lo leí hace años, en mi tierna juventud. Me parece muy interesante y compleja, llena de inspiración y sugerencia. Sin duda tengo que investigarla más y me pregunto si habrá algún buen libro sobre el tema. Uno de los ponentes en la mesa era Javier Calvo, cuyo nombre se me quedó grabado por su descomunal traducción de las más de 1100 páginas del Shadow Country de Peter Matthiesen que devoré el pasado verano durante mi baja médica.

La presentación de Folk Horror me gustó mucho: excelente oratoria de Jesús Palacios, y muy interesantes contribuciones de las invitadas. El libro es estupendo. El tema me encanta y quiero explorarlo en profundidad. Siempre se habla mucho del cine, pero poco de literatura (siempre ocurre que se habla mucho de cine y poco de literatura, cuando esta supone la inspiración del primero en una gran parte de los casos, pero este es otro tema que da, como mínimo, para otra entrada), y yo creo que se pueden encontrar varias historias estupendas en este medio. Últimamente estoy recopilando la ficción de este subgénero que me voy encontrando en una lista de Goodreads que podéis consultar aquí.

Bien, eso es todo por este mes. Seguimos acumulando.

Tsundoku julio 2019

Puede que el de este mes sea el tsundoku más heterogéneo de todos los que llevo registrados aquí. gastronomía, bolsa, manuales de estilo y bizarro, entre otras cosas.

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Todos esos manuales de finanzas y bolsa son cosas del trabajo. En la misma librería de Valladolid decidí llevarme la Gramática de la RAE porque la tenían bien de precio, y la voy necesitando.

Es curioso, en Valladolid hay decenas de librerías y, de hecho, las más grandes se concentran en unas pocas calles vecinas. Durante una búsqueda infructuosa de diccionarios avanzados inglés-español, en otra librería me sorprendió ver el Valores familiares, la recopilación de rarezas del club de lectura de Orciny Press. Algo así no se duda.

Es como la quinta vez que vamos a Dènia de vacaciones, pero nunca me había acercado por la librería Publics. Gran error, pues es un sitio totalmente recomendable, que toca todos los palos muy bien. Fui allí porque justamente en Dènia empecé a soñar con Lago negro de tus ojos. Me costó encontrarlo, pero allí estaba. El de Quique Dacosta lo tenía «en el debe» desde hacía muchos años.

Y en Dènia mismamente nos topamos con unos puestos de libros de segunda mano en la parte baja de Marqués del Campo que no me pude resistir curiosear. El manual de estilo andaba por los 3 € y no me vendrá mal.

Seguimos acumulando.

Tsundoku mayo 2019

Todos tenemos un lugar donde recogernos. Unas coordenadas que guardan una parte de nuestra esencia, una combinación ciertos elementos que engarzan con algo profundo, o con aquello que nos ha marcado en el pasado.

En mi caso ese lugar es un pueblo surfero de Cantabria. Quién me lo iba a mi a decir. Pero es un sitio que me tiene literalmente enamorado. Vivir allí es el sueño de mi vida. Lo que pasa es que no tengo muy claro si uno debe perseguir sus sueños; cuando se cumplen siempre hay una cierta decepción que corre el riesgo de desembocar en estrépito.

Me acerqué por allí a principios de mes, aprovechando el generoso puente que tuvimos en Madrid. Uno de aquellos días nos acercamos a Santander a visitar a unos amigos. Junto a un parque había instalada una carpa para la Feria del Libro a la que no me pude resistir. De allí me traje los primeros trofeos.

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Todo lo que hace La Felguera me gusta, y esta recopilación de breves artículos recorriendo los intersticios de la Historia es una fuente inagotable de ideas. La Historia de España contada a las niñas la tenía en mi radar desde hace tiempo. Los otros dos fueron regalo de la Feria, por el gasto: poesía, claro.

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La Historia de España… me recordó inevitablemente el crimen de Alcasser y, consecuentemente, el libro de Antipersona que tenía echado el ojo. Por eso, cuando volví a Madrid, hice un encargo a la editorial y, ya que estaba, además de Alcasseriana, me traje Fafner, que también le tengo muchas ganas (con ese pedazo de portadaca que trae), y el Polybius de Francisco Jota Pérez, porque cualquier cosa que tenga “Polybius” y “Francisco Jota Pérez” juntos tiene que ser Lujuria Viva. El panfleto Sociedades secretas contra el Estado pintaba bien; me pareció una buena guinda para coronar el pastel.

Este mes todos ejemplares el papel. Caprichos que uno debe permitirse en ocasiones.

Seguimos acumulando.